jueves, 10 de julio de 2014

Sueño de hoy

"El hoy no es más que el recuerdo del ayer, y el mañana, el sueño de hoy"
Anónimo

La comiquita del Hombre Par

video

Nunca perderé el gusto por las comiquitas o “comic”, y ahora menos, pues la tecnología ha ayudado a que muestren mejores detalles y animaciones más realistas, me refiero a las que presentan en televisión y el cine, las puedo ver mil y una vez y no me canso.

Recuerdo en mi infancia cuando por fin llegó la televisión a la casa, un aparato no muy grande de caja y patas de madera, pantalla abultada que mostraba las imágenes en blanco y negro; tardaba algunos segundos en prender, según tenía que calentarse, no nos importaba:  lo bueno se hacía esperar. Nos mostro la magia de la televisión, muy en especial la magia de las comiquitas. Recuerdo muchas comiquitas: los Picapiedras, los Supersónicos, Popeye, Simbat el Marino, Hércules, Fantasmagórico y tantas otras, pero una en especial llamaba mi atención, se llamó el Hombre Par, no sé hasta cuando duró, pero nunca la vi a colores, de eso estoy seguro.

En algún blog leí que en Japón realizaron unas temporadas a colores pero no fue comercializada en el extranjero e inclusive que hicieron películas para el cine, pero no he tenido la dicha de ver.

Tal vez porque el protagonista era un niño súper héroe, tal vez porque podía volar, tal vez porque podía respirar bajo el agua o quizás mejor porque tenía un doble que hacia las tareas de la escuela y los quehaceres por él. Lo cierto es que trataba de no perdérmela. Creo que el protagonista se llamaba “Mitsuo” o algo así, y tenía un mono, llamado “numero 2” como ayudante de súper héroe, y como el mono no podía hablar, por supuesto, hacia mímicas y el Hombre Par debía adivinar lo que decía, además había un gordito y una niña que también eran súper héroes, y cada uno tenía su doble o par, creo que hasta el mono tenía su par, para que los sustituyeran en su casa cuando salían en misiones a luchar contra los malhechores.

Para volar tenían la capa y para respirar bajo el agua usaba el prendedor en forma de “P” que colocaban en su boca y les permitía cumplir misiones bajo el agua.
El par o doble era un muñeco sin forma que guardaba en el closet y que al tocarle un botón en la nariz se transformaba en un niño igual a él, solo diferenciable por el color de la nariz y aunque un poco torpe cumplía su cometido, le sustituía en la casa y hacia sus deberes.

Yo creo que estas comiquitas fueron el inicio de los animes japoneses que han tenido tanta fama y que han servido de inspiración a otras tantas nuevas creaciones.

domingo, 25 de mayo de 2014

El recuerdo

"Lo que no se convierte en recuerdo, no fue".
Antonio Porchia

La Estancia La Bravera


Hace un año fui con mi esposa, por “enésima” vez, de vacaciones a Mérida, una de las regiones más bellas de mi querida Venezuela, en esa oportunidad consultamos la pagina del Circuito de la Excelencia http://www.circuitodelaexcelencia.com/ y en ella ubicamos a la espectacular Estancia La Bravera, definitivamente no podré olvidar los días de paz y tranquilidad, desconectados del ruido y ajetreo de la ciudad, que vivimos en tan hermoso lugar.

El ruido artificial allá no existe, solo trinar de aves, goteo de lluvia suave, riachuelos abriéndose paso entre las piedras y aunque no lo crean escuche hasta el “silencio”, la paz se apodera de tu ser, tu alma se llena de armonía y tu cuerpo recarga energías positivas, en la Estancia la Bravera.

Yo que no canto ni en la ducha, allá podría escribir una canción, yo que no escribo ni mensajes de texto, allá podría escribir un libro, yo que solo pinto la casa, allá podría pintar un cuadro; es así “La Bravera” te puede inspirar a eso y mucho mas… allí muchas cosan son posibles, hasta las fotos me salieron finas, solo apunté la cámara y listo: un colibrí, una flor, la montaña, la selva, la neblina; todos momentos irrepetibles almacenados para el recuerdo y sin mucho esfuerzo.

Durante todo el día la estancia es constantemente visitada por diferentes especies de Colibríes, encuentran en la Bravera varios dispensadores de alimento, que permiten al visitante observar su comportamiento. Sus dueños se encargan junto con sus colaboradores de mantener diariamente surtido el alimento de tan pequeñas pero glotonas aves.

Sin salir de la Estancia pudimos visitar el bosque nublado que la rodea, al pie del Páramo del Tambor y mientras caminamos conocimos diferentes especias de bromelias, orquídeas y plantas propias de la selva, en cordial armonía con especies únicas de frailejones;  del ambiente musical se encargan las innumerables aves de las muchas especies que constantemente estaban cantando a nuestro alrededor y retando nuestra curiosidad para tratar de descubrir su ubicación.

Alguien nos dijo que allá la felicidad si existe, y es verdad, allá en esos páramos donde conviven el frailejón y la selva anida la felicidad. La Estancia La Bravera no solo es excelente atención, excelente comida, excelente estancia, sino también es la naturaleza en todo su esplendor resguardada, mantenida y compartida por sus dueños y por sus colaboradores para el disfrute de los que amamos las creaciones de Dios. Que el señor bendiga estas tierras, su naturaleza y les de mucha salud y prosperidad a sus cuidadores.

domingo, 20 de abril de 2014

Recuerdo lo que no quiero

"Recuerdo incluso lo que no quiero. Olvidar no puedo lo que quiero". Marco Tulio Cicerón

Recuerdo jugar con trompos


En vacaciones escolares solíamos jugar con trompos, recuerdo que no eran fácil de tener uno porque para nuestro presupuesto eran muy costosos, sin embargo de una u otra manera logramos tener algunos trompos a lo largo de nuestra infancia.
Los trompos de aquella época eran de madera, generalmente de tres colores: rojo, blanco y azul, gorditos, de cabeza ancha y con una punta de hierro que duraba poco pues a las primeras jugadas se perdían y terminábamos colocándole un clavo como reemplazo de aquella punta; para bailar el trompo usábamos un guaral o “currican” que era una especie de cordel de pabilo trenzado, el cual enrollamos apretadamente en el cuerpo del trompo, para luego lanzarlo al piso logrando que este girara velozmente.

El juego consistía en realizar en la tierra un circulo grande que contenía dentro de sí otro mas pequeño y en el centro de este se colocaba una tapa de refresco o una piedra plana que representaba el centro del blanco, a esto le llamábamos “troya”, a esta “troya” debíamos apuntar y lanzar el trompo todos y cada uno de los participantes, con la punta, el trompo marcaba el sitio exacto donde hacia contacto con la tierra, dicha marca se identificaba con una piedra pequeña, habiendo todos lanzado su trompo, aquel jugador que quedara más alejado del centro de la “troya” o aquel cuyo trompo no le bailaba debía colocarlo en el centro de la “troya” en señal de castigo. El resto de los jugadores trataban de hacer blanco sobre el trompo acostado del infortunado jugador a fin de marcar su cuerpo con la punta del nuestro, cosa que muchas veces se lograba, dependiendo de la destreza del jugador; cuando no se lograba el contacto al inicio de la lanzada, el jugador debía recoger el trompo aun bailando con la mano y hacer contacto contra el trompo castigado con el objeto de llevarlo a golpes hasta una línea previamente acordada, para luego traerlo de vuelta hasta la “Troya” y colocado nuevamente en el centro de la misma, en ese momento se terminaba el juego y el trompo se consideraba perdedor y candidato a pertenecer al jugador que logro colocarlo en el centro de la “troya” o a recibir el peor de los castigos.
Si algún jugador no le bailaba el trompo durante turno o el trompo dejaba de bailar antes de hacer contacto con el castigado, debía entonces cambiar de posición y colocar su trompo en el lugar de castigo. Otra manera de cambiar de posición era al ser retado por el trompo que recibe el castigo, el reto se manifestaba si el trompo quedaba con la punta despegada de la tierra entonces el próximo jugador que le tocaba lanzar debía hacer contacto inmediatamente en su intento de bailar el trompo.

El castigo final para el trompo perdedor era acordado al inicio del juego y una vez iniciado el mismo se consideraba aceptado por todos los participantes y sin oponerse debía ser acatado. Entre los castigos teníamos: “Santa María”  que consistía en lanzar una gran piedra sobre el trompo perdedor; lamentablemente pocos trompos se sobrevivían a este castigo y el perdedor en muchas oportunidades solo se iba con la punta de su trompo. Otro castigo, segundo en crueldad, consistía en clavar el trompo perdedor a una tabla y a modo de martillo el mismo se hacía golpear contra la punta  de otro trompo colocado en el piso con la punta hacia arriba. También recuerdo que había dos variantes del castigo usando el guaral, uno amarrar el trompo perdedor y golpearlo contra otro trompo en el piso con la punta hacia arriba y otro era amarrar del trompo ganador y golpear con la punta al trompo perdedor clavado en el piso. En todos los castigos la intensión era hacer el mayor daño posible al trompo perdedor, y demostrar que siempre sobrevivía el mas apto.

domingo, 31 de marzo de 2013

Guarda tus recuerdos

Venezuela, el país que merecemos.


Acaso no merecemos una Venezuela  donde podamos desvelarnos viendo una película y no viendo por la ventana con el estomago revuelto y presión en el cuello hasta que nuestros hijos regresen de la universidad o el trabajo.

Acaso no merecemos una Venezuela donde se cumpla la máxima que consiste en que nuestros hijos nos vean envejecer.

Acaso no merecemos una Venezuela donde nos alegremos por llegar a casa y estar con la familia y no para escapar de los peligros de la calle

Acaso no merecemos una Venezuela donde se entienda que el culpable de robarnos el celular es el ladrón y no nosotros por usarlo en la calle.

Acaso no merecemos una Venezuela donde podamos usar el anillo de matrimonio y el reloj de pulsera sin temor a que te lo quiten.

Acaso no merecemos una Venezuela donde los honrados no estemos entre rejas y los malandros libres.

Acaso no merecemos una Venezuela donde le agradezcamos a Dios por todos nuestros logros y no le agradezcamos al malandro que nos robo y nos dejo  vivos.

Acaso no merecemos una Venezuela donde pueda comprar todos los alimentos que me permita mi presupuesto y no los que otros decidan.

Acaso no merecemos una Venezuela donde pueda viajar al extranjero como otros países sin tener que mendigar divisas.

Acaso no merecemos una Venezuela donde pueda comprar en el extranjero con el dinero que he ganado producto de mi trabajo.

Acaso no merecemos una Venezuela donde los motorizados sean nuestros aliados y no despreciados los justos y honestos por una minoría de pecadores.

Acaso no merecemos una Venezuela donde al cruzar las calles no tengamos que ver en todas direcciones porque nunca sabemos por donde nos llegará el peligro.

Acaso no merecemos una Venezuela donde antes de subirnos al carro no tengamos que vencer la paranoia; porque nos sentimos perseguidos y vigilados.

Acaso no merecemos una Venezuela donde podamos contar con el metro como el transporte más seguro y civilizado de mundo; como en otrora.

Acaso no merecemos una Venezuela donde podamos usar el transporte colectivo sin  la preocupación y la angustia de saber si ese día llegaremos a nuestro destino  y/o con todos nuestros bienes.

Acaso no merecemos una Venezuela  que sea reconocida por sus magníficos sitios turísticos y no por sus sitios categorizados como zonas rojas.

Acaso no merecemos una Venezuela reconocida mundialmente por el autoabastecimiento y no por el alto índice inflacionario.

Acaso no merecemos una Venezuela con institutos educacionales de prestigio que motiven estudiar en ellos en lugar de migrar al extranjero.

Acaso no merecemos una Venezuela donde se cumplan las leyes y nos sintamos orgullosos de nuestras autoridades en lugar de que una gran mayoría nos sintamos irrespetados.

Acaso no merecemos una Venezuela donde nuestros funcionarios trabajen para nosotros  en lugar de que promuevan  la corrupción y tengamos que recurrir a ella como algo normal. 

Acaso no merecemos una Venezuela  donde al encontrar una alcabala en nuestra ruta nos sintamos seguros y no sea un signo de preocupación o “matraca”-

Acaso no merecemos una Venezuela donde podamos convivir en familia sin divisiones políticas.
 
Acaso no existe la Venezuela que nos merecemos

domingo, 12 de agosto de 2012